Muchos adultos quieren sofocar los gritos de los niños con más gritos, o en el peor de los casos con golpes y amenazas.
Cuando un niño grita sin control, no está siendo solo “malcriado” … a veces está desbordado o requiriendo atención ante una necesidad.
¿Cómo saber la causa de los gritos y llantos?
Ese grito que incomoda, en realidad puede ser una señal de alarma emocional. El niño no sabe aún poner en palabras lo que siente: puede ser frustración, cansancio, miedo o simplemente una necesidad de atención. Y ahí es donde el adulto marca la diferencia.
Algunos gritos o llantos "incontralables" terminan cuando el niño obtiene lo que deseaba, como un juguete, un helado o cualquier otro objeto. Entonces, es de esa forma que sabes que el llanto o gritos no son por una necesidad (hambre, dolor, miedo, etc), sino una actitud de "malcriadez", como suele decirse.
¿Qué hacer cuando el niño tiene episodios de llantos y gritos?
- En lugar de reaccionar con gritos o castigos, es fundamental comprender que el niño necesita guía, no corrección impulsiva. Cuando un adulto responde elevando la voz, el mensaje que recibe el niño es que sus emociones son peligrosas o inaceptables.
- La clave está en regularnos primero nosotros y analizar el qué o el porque de la conducta, para atender correcta y acertadamente el episodio.
- Conversar con el niño pequeño es una acción que es desestimada muchas veces por el adulto. Sin embargo, es una estrategia eficaz para dar explicaciones y poner limites claros. Utiliza un lenguaje y narrativa acorde a la edad del niño, sin subestimar su edad.
- Observa si los gritos se presentan por alguna condición especial tal como TDAH, transtorno del espectro autista, sobrecarga sensorial, malos tratos, entre otros.
- Podemos modelar alternativas: respirar profundo, nombrar lo que siente (“estoy enojado”), o tomar un pequeño espacio para que se tranqulice. Estas herramientas, repetidas con paciencia, construyen autocontrol real.
- Además, reconocer cuando el niño logra expresarse sin gritar, es clave. Un “lo hiciste muy bien” o un abrazo fortalece ese aprendizaje mucho más que cualquier castigo.
No veas los gritos como un problema… es una oportunidad
Detrás de cada grito hay una emoción que no sabe nombrar, una necesidad que no logra expresar y un corazón que pide ser comprendido. Lo que para el adulto puede parecer un desafío, en realidad es una puerta abierta para educar desde la empatía.
TIP FINAL:
Cuando salgas de casa, lleva contigo un juguete con el que el niño tenga especial conección y afinidad, esto puede darle calma en un momento de berrinche cuando estás en público.
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